Canto I Inicio de la cólera de Aquiles.
Esta imagen corresponde a un fresco de Pompeya, conservado casi intacto debido a que
la ciudad romana fue cubierta por las cenizas del temible volcán Vesubio, en el siglo I
A
C. Esto demuestra que casi ocho siglos después de componerse la Ilíada,
sus escenas seguían siendo capitales en la cultura grecolatina.
La
pintura representa el momento en que Aquiles, en plena disputa con
Agamenón, está desenvainando su espada para castigar la terrible
acusación que acaba de inferirle el rey: "Huye pues si tu ánimo a ello
te incita". Aquiles no puede soportar que se le acuse de cobarde, pero
llega del Olimpo Minerva, la diosa de la sabiduría y de la guerra, que
tiene entre todos los guerreros aqueos como favorito a Aquiles, y lo
detiene tirándole del pelo.
La Iliada (nombre que deriva del nombre griego de Troya, Ilión) es
una epopeya atribuida a Homero y considerada como el poema de la
literatura occidental más antiguo que se conoce. Está compuesta por unos
15.691 versos, divididos en 24 cantos.
Este poema narra lo sucedido a lo largo de 51 días durante el décimo y último año de la guerra de Troya
Inicio de La Ilíada
En
el Canto I, desde el primer párrafo, la voz narradora muestra la
gravedad de los hechos a contar, pidiéndole ayuda a una diosa, -la musa-
para contar una narración monumental, donde murieron tantos hombres de
forma indigna. Hombres cuyas almas fueron precipitadas al Hades pero
cuyos bellos cuerpos de guerreros no recibieron los rituales fúnebres
esperados, sino que fueron devorados por perros y aves de rapiña.
El
narrador enseguida advierte que el gran suceso que precipitó el
desenlace de la guerra de Troya y el momento extremo de violencia y
muerte fue la cólera de Aquiles, ira que se desató luego de la
separación, disputando, de los guerreros y héroes Agamenón y Aquiles.
Inmediatamente pone a quienes escuchan -o leen- La Ilíada en antecedentes de tal pelea.
Los
aqueos mientras asedian la ciudad de Troya, amurallada, han saqueado
ciudades vecinas. Acampan a la orilla del mar, en tiendas.
De
pronto, llega un anciano, un sacerdote de Apolo, dios que se venera en
Troya. Se llama Crises y no es un simple anciano, sino que viene con las
ínfulas del dios, con el símbolo de que Apolo le ha conferido poder.
Crises
viene a exhortar a los aqueos a que devuelvan a su hija Criseida,
raptada en uno de los saqueos por los griegos. Pero ofrece a cambio un
espléndido rescate, que los dioses les permitan ganar la guerra y volver
a casa felices y vivos.
Agamenón reacciona con violencia: "Que yo no te encuentre, anciano, cerca de las cóncavas naves", le grita amenazador.
Él
es el rey, el jefe del enorme ejército aqueo, y por ahora nadie osa a
contradecirlo. Defiende su derecho a quedarse con Criseida, ya que es su
botín de guerra. Pero públicamente expresa su pasión por ella: prevé
que le vendrá la vejez en su cama, en Argos. Eso significa que se piensa
quedar con ella como concubina por el resto de sus días.
El sacerdote no contesta y se va por la orilla, su furia se advierte con el paralelismo de la imagen del "estruendoso mar", pero su llanto y su súplicas a Apolo son significativas: "paguen los dánaos mis lágrimas con tus flechas".

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